Inicio Crítica literaria Edad Media
Edad Media


El rey y el vasallo héroe en el poema de Mío Cid PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 4
MaloBueno 
Literatura - Edad Media

Publicado por Zoila Clark en Espéculo nº 42

El Cid es el modelo ejemplar de vasallaje porque él logra restaurar la armonía en su relación con el rey, así como conseguir reconocimiento y favores que son fruto de esta relación, mientras que el territorio del rey crece en tamaño y riquezas gracias a su buen vasallo heroico.

Acceder al artículo

 
De juglaría y clerecía: el falso problema de lo culto y lo popular en la invención de los dos mesteres PDF Imprimir E-mail
Literatura - Edad Media

Publicado por Juan García Única en Espéculo nº 42

En este artículo pretendemos mostrar la inconveniencia de aplicar las categorías de lo culto y lo popular como base para reducir toda la poesía castellana del siglo XIII a dos mesteres o escuelas poéticas (juglaría y clerecía). A través de la crítica de la engañosa noción de lo popular, tan cara al tradicionalismo, y partiendo de ejemplos extraídos de la Razón de amor y del Libro de Apolonio, pretendemos sugerir una lectura apegada a la radical historicidad de los textos dentro de sus problemáticas de base concretas, muy alejadas en realidad de esa supuesta lucha entre una norma culta y otra popular.

Acceder al artículo

 
Notas sobre la personificación en el Libro de Buen Amor PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 1
MaloBueno 
Literatura - Edad Media

Publicado por Álvaro Alonso en Revista de Filología Románica nº 6

De acuerdo con la definición que ofrece Lausberg en su conocido Manual, la «ficho personae consiste en presentar cosas irracionales como personas que hablan y son capaces de comportarse en todo lo demás como corresponde a personas» Esa definición parece excluir a los animales, si bien el propio Lausberg aclara más adelante que algunos tratadistas agrupan «el habla de las cosas irracionales, de los muertos y de los animales en la fábula bajo el nombre común de <<eidolopoia>>. Es esa acepción más amplia la quc atribuyo aquí al término personificación, ya que lo que me interesa son justamente las fábulas animalisticas del Libro, asi como ciertos pasajes de la batalla entre don Carnal y doña Cuaresma.

Acceder al artículo 

 
Excentricidad y descentramiento en la figura autoral de don Juan Manuel PDF Imprimir E-mail
Literatura - Edad Media

Publicado por Leonardo Funes en eHumanista Vol. 9

La figura de don Juan Manuel escritor nos pone frente a una situación infrecuente en las letras castellanas anteriores al siglo XV, dominadas por los fenómenos de anonimia y de anonimato, es decir por el hecho de que la gran mayoría de los textos nos hayan llegado intencionada, programática o accidentalmente anónimos. Esta situación no es otra que la necesidad de entender en qué medida, en qué condiciones, con qué perfiles don Juan Manuel es autor de una obra. Y ello es así porque no sólo conocemos la identidad del personaje histórico, no sólo tenemos constancia de su firma o de su atribución, sino que además conservamos información inusitadamente detallada de sus avatares biográficos –y aún versiones antagónicas de la agitada vida pública de quien fuera uno de los principales actores de la escena política castellana durante la primera mitad del siglo XIV.

Acceder al artículo

 
Sobre el teatro de la muerte en La Celestina: El cuerpo "hecho pedazos" y la ambigüedad macabra PDF Imprimir E-mail
Literatura - Edad Media

Publicado por Rebeca Sanmartín en eHumanista Vol. 5

Un tema de discusión fundamental a la hora de estudiar La Celestina ha sido el problema de su posible moralidad. Para discutir ésta, se han esgrimido como focos de argumentación dos pasajes de la obra: los preliminares en los que Fernando de Rojas anuncia su intención al escribir la pieza y el planto de Pleberio. Sin duda alguna, el hecho de que la Tragicomedia acabe con la muerte de los protagonistas es un argumento de peso a la hora de defender tanto el cambio de título que realiza Rojas (de comedia a tragicomedia) como la intención moralizante del texto. No obstante, poca atención se ha prestado, en mi opinión, a la manera en que se presentan esas muertes concretas; una puesta en escena del fin de la vida que, para dilucidar la finalidad moralizante de la obra, es más importante de lo que en principio pudiéramos pensar.

Para defender esta idea, y antes de desarrollar la tesis principal de este trabajo, estableceré unos breves parámetros de lo que implicaba la muerte en el siglo XV. En primer lugar, habría que decir que, frente a los “paganos”, que habían deseado una muerte rápida y, por tanto, libre de dolor, los cristianos temen ese desenlace. Lo imprevisto de la defunción les quitaba sin duda la oportunidad de morir tras hacer penitencia, en un estado de gracia; es decir, ponía en peligro su salvación. El estado ideal para morir será postrado en el lecho consciente de la llegada de la última hora, como le sucede al padre de Jorge Manrique, don Rodrigo, o a los moribundos que aparecen en el por entonces tan difundido Ars moriendi.

Acceder al artículo

 
<< Inicio < Prev 1 2 3 Próximo > Fin >>

Página 1 de 3